Estas últimas semanas han sido maravillosas y eso me hace reflexionar. En este tiempo he tenido la oportunidad de cruzarme con muchísimas personas, y quizás algo que agradezco profundamente de este trabajo es la posibilidad que me brinda de relacionarme con personas mayores que yo. Incluso mucho más mayores, quiero decir.
Esto nunca habría podido suceder de otra manera. Por supuesto, nunca un contacto tan íntimo, pero seguramente tampoco un contacto más casual se habría dado. Los escalones generacionales son brechas que se abren entre personas que podrían congeniar perfectamente. No hablo del vínculo de un nieto con su abuela, o del de un padre con su hija, si no de un lazo que parte de la nada y se construye gracias a un interés recíproco transformándose poco a poco en cariño y apego.
Saltar esa barrera te demuestra que hay muchísimas más personas accesibles en el mundo, pues cualquier persona puede serlo si no nos dejamos llevar por superficialidades. Y claro, aquí ya no hablo sólo de la edad, si no de casi cualquier otra característica volcada sobre la apariencia.

Bueno, con esto no pretendo dar lecciones sobre si la belleza está en el interior o no, la Bella y la Bestia es una película entretenida pero en el fondo me da un poco igual. Lo que quiero decir es que seguramente la mayor parte de nosotros no nos tener sexo con personas que no pasen el estricto filtro de nuestro primer golpe de vista, y que quizás así nos perdamos experiencias bonitas con otra gente.

Curé mi sorpresa, pero en su momento lo fue, de que los gustos sexuales de una persona que me dobla en edad sean tan similares a los míos, y cuadren a la perfección logrando que ambos alcancemos cotas altísimas de placer juntos.
Por todo esto me siento afortunada pues, por alguna razón, sumergirme en el trabajo sexual me fue sencillo y de él obtengo hoy, más que nunca, mucha satisfacción y una gran capacidad para abrirme a las personas.

reducida

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